La revelación de las negociaciones desarrolladas entre el gobierno de Colombia y Estados
Unidos para el desplazamiento oficial de este segundo país en territorio colombiano de tropas
militares y cientos de contratistas civiles en siete instalaciones militares ha abierto
nuevamente el debate sobre la estrategia militar de Estados Unidos en la región.
En un artículo publicado en la prestigiosa revista Foreign Affairs en su edición de mayo-junio
de 2002 titulado Transforming the Military, de acuerdo con el entonces Secretario de la
Defensa Donald Rumsfeld, el esfuerzo de transformación militar iniciado por Estados Unidos
era necesario verlo en sí mismo como un proceso y no como un evento. Esta concepción
partía de la premisa de que una transformación revolucionaria en la conceptualización de las
fuerzas armadas de cualquier país no podía depender estrictamente de la construcción de
nuevas armas basadas en alta tecnología, sino de la forma en que se piensa y desarrollan las
nuevas formas de llevar a cabo la guerra, permitiéndole a las Fuerzas Armadas adaptarse a los
nuevos retos. Es esta la visión que orientó el proceso de transformación en las Fuerzas
Armadas de Estados Unidos a partir del fin de la Guerra Fría y la entrada de Estados Unidos a
la última década del Siglo XX.
En esta transformación se identificaron, entre otras, la vulnerabilidad militar de Estados
Unidos ante nuevas formas de terrorismo, sus redes informáticas y sus activos en el espacio y
la falta de defensas frente a un ataque con misiles balísticos o con misiles crucero y frente a
armas nucleares, químicas y biológicas. Para proteger la seguridad de Estados Unidos se
planteo el fortalecimiento del denominado "U. S. Homeland Security" y sus bases en
ultramar; la protección y sostén de su poder en teatros de guerra distantes; negarle a los
enemigos de Estados Unidos la permanencia de "santuarios" o lugares seguros; la protección
de sus redes de información contra ataques; la utilización de la información obtenida
mediante el uso de tecnología con el propósito de vincular las diferentes ramas de sus Fuerzas
Armadas, de manera que funcionaran integradas unas con otras; y finalmente, mantener un
acceso sin dificultades al espacio y la protección de sus capacidades espaciales ante un ataque
enemigo.
El Secretario de la Defensa postuló entonces que Estados Unidos debería sostener su proceso
de transformación militar a partir de la premisa de que las guerras del Siglo XXI requerirían
un incremento en las operaciones económicas, diplomáticas, financieras, policiacas e
inteligencia, al igual que en operaciones militares abiertas y encubiertas; la capacidad para
mantener una efectiva comunicación en el campo de batalla; enfocar la ayuda que Estados
Unidos habría de recibir de terceros países en lo que fuera permisible y necesario para ese
país; la formación de alianzas donde la misión a llevar a cabo debe ser la que en última
instancia determine la formación de la misma; el desarrollo de acciones preventivas, llevando
la guerra hasta donde se encuentre el enemigo; llevar a la percepción del enemigo que
Estados Unidos está dispuesto a utilizar cualquier medio o fin para derrotarlo,
independientemente de los sacrificios que conlleve; la importancia que juegan las operaciones
de tierra y el incremento en las campañas aéreas; y finalmente, informar al país lo que Estados
Unidos hace.
Ciertamente en no todas las ocasiones Estados Unidos ha llevado a cabo estos enunciados con
la claridad y certeza propuestos. Ciertamente, sin embargo, tal ha sido su agenda tanto en sus
esfuerzos internos en materia de seguridad como también en los dos conflictos principales
que ha venido llevando a cabo en Iraq y Afganistán. En América Latina, sin embargo, los
llamados planes defensivos de Estados Unidos han ido desarrollándose, no en forma discreta,
pero si opacados por los conflictos bélicos principales que Estados Unidos libra a escala
mundial.
En Puerto Rico, en el Plan Unificado de Comandos vigente al 1999, se asignó al Comando
Sur la responsabilidad de implantar la política militar "defensiva" de Estados Unidos en el
"Área de Responsabilidad" asignada ante las siguientes amenazas: la emigración ilegal, el
tráfico de armas, el tráfico ilegal de drogas, el crimen, la corrupción y la seguridad militar de
Estados Unidos". Bajo la llamada "nueva arquitectura militar" en la región, según testimonio
presentado por el General Peter Pace ante el Comité de Asuntos Armados del Senado de
Estados Unidos el 27 de marzo de 2001, la misma la componía:
a) El Comando Sur, con sus componentes principales que incluían el Ejército Sur (USARSO),
las Fuerzas Navales del Comando Sur (USNAVSO) y el Comando de Operaciones Especiales
del Comando Sur (SOCSOUTH), todos ellos ubicados entonces en Puerto Rico junto a la
Guardia Nacional y la Reserva como Fuerzas Auxiliares;
b) Las denominadas "Forward Operations Locations (FOLs), establecidas para compensar la
pérdida de las instalaciones en Panamá. Estas estaban compuestas por Manta, Ecuador (para
las operaciones en Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela); Aruba-Curazao (para
operaciones en el Caribe Oriental y la región norte de Venezuela y Colombia); Comalapa en
El Salvador (para las operaciones en el Pacífico Oriental, el Caribe Occidental y Centro
América).
c) Cuarteles y Bases que incluyen el componente aéreo del Comando Sur, localizado en la
Base Aérea Davis-Montham en Arizona; el Componente de la Infantería de Marina Sur,
localizado en Miami, Florida; la Fuerza Aérea Inter-agencial de Tareas Este (JITF-E),
localizada en Cayo Hueso, Florida y utilizada para operaciones anti narcóticos en zonas de
origen y tránsito; el Centro de Operaciones Conjunto de Reconocimiento y Vigilancia Sur,
responsable de recibir información recopilada por aviones AWACS, los radares de tierra y el
ROTHR en Puerto Rico; y la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo (JTF-B), localizada en la Base
Soto Cano de Honduras, que provee apoyo y respuesta mediante helicópteros en misiones del
Comando Sur en América Latina y el Caribe.
d) La Base de Operaciones para el Apoyo de Esfuerzos Internacionales (OBAT) localizada en
las islas Turkos y Caicos en Nassau, Bahamas para atender el flujo de cocaína y marihuana
hacia Estados Unidos.
e) "Weedeater", un dispositivo que conduce el Caribe Oriental donde el Departamento de la
Defensa provee helicópteros para las "naciones huéspedes y agencias de interdicción" y de la
DEA para la erradicación de la marihuana.
f) Programa de Educación y Entrenamiento Militar Internacional (antes Escuela de las
Américas), para proveer educación profesional a personal militar y civil seleccionado.
Con el cierre de Roosevelt Roads, y del Área de Tiro y el Área de Maniobras de la Flota del
Atlántico en Vieques, Puerto Rico en mayo de 2003, las operaciones que desde nuestro país
venía desempeñando el Comando Sur fueron modificadas, trasladándose a la Florida el
Ejército Sur, el Comando de Operaciones Especiales del Comando Sur, las Fuerzas Navales
del Comando Sur y las operaciones de guerra submarina y anti submarina, desembarco
anfibio y área de tiro de la Flota del Atlántico a otros estados de la Costa Este. Ciertamente
tales cambios alteraron la importancia militar estratégica hasta entonces adjudicada a Puerto
Rico. Sin embargo, lo anterior no significa la pérdida de importancia militar de Puerto Rico
en los planes de dominación geopolítica de Estados Unidos en la región.
El 1 de octubre de 2002 se produjo un nuevo Plan de Comandos Unificados donde las áreas
de responsabilidad entre el Comando Sur y un nuevo Comando del Norte fueron establecidas.
En la distribución, Puerto Rico quedó integrado dentro del Comando del Norte, a quien se le
asignó como responsabilidades: la planificación y conducción de apoyo militar para la
estabilidad, seguridad, transición, operaciones de reconstrucción, ayuda humanitaria y ayuda
en situaciones de desastres; la planificación y participación de misiones que se asignen a nivel
global; la lucha contra las armas de destrucción masiva y el desarrollo de un sistema global
anti misiles; actividades de respuesta a enfermedades; operaciones contra redes terroristas;
defensa del "Homeland" y el apoyo a autoridades civiles en misiones oficiales. Como puede
notarse, bajo este nuevo Plan la función militar de Puerto Rico se alejó de la zona de
operaciones tradicional de Estados Unidos hacia América Latina.
El 17 de diciembre pasado el presidente saliente de Estados Unidos firmó un nuevo Plan
Revisado de Comandos Unificados donde, además de Puerto Rico, Islas Vírgenes, Bahamas y
las islas Turkos y Caicos, todas ellas localizadas en la región del Caribe, pasan a formar parte
del Comando del Norte, segmentando aún más esta región caribeña del Comando Sur. Dentro
de todas estas modificaciones, sin embargo, un país ha venido sustituyendo a Puerto Rico en
la configuración de dominación militar de Estados Unidos hacia América Latina: ese país es
Colombia.
De hecho, la planificación quinquenal del Plan de Comandos Unificados no se da con
independencia de cuál sea el Presidente en funciones en Estados Unidos o a cuál partido éste
responda. Se trata de decisiones estratégicas de carácter militar donde el Presidente, como
Comandante en Jefe, sencillamente ratifica las recomendaciones y decisiones del Estado
Mayor Conjunto y del Secretario de la Defensa.
El próximo cierre de la Base de Manta en Ecuador, junto con el avance de los procesos
políticos en este país, y de sus vecinos en la región como Venezuela y Bolivia, y en América
Central de Nicaragua y El Salvador, unido a los cambios en la configuración militar en Puerto
Rico, han hecho que Estados Unidos procure acentuar su presencia militar en la región por
otra vía. El acceso a las zonas portuarias de Malambo y Cartagena en el Mar Caribe y de
Málaga en el Océano Pacífico; junto a los acceso a la base de la Fuerza Aérea de Palanquero
y las instalaciones militares de Larandia, Tolemaida y Apiay vienen a proporcionar a Estados
Unidos una nueva arquitectura desde la cual afianzar su poder militar en la región,
particularmente frente a aquellos países donde hoy se viven procesos revolucionarios.
Aún así, afirmar que ya Puerto Rico carece de importancia militar para Estados Unidos no es
del todo correcto. Todavía en nuestro país la presencia militar de Estados Unidos es grande.
La Guardia Nacional, con su componente de tierra y aire conformado por cerca de 10 mil
efectivos, mantiene instalaciones en el Campamento Santiago (principal instalación en el Sur
del país); en la Base Aérea Muñiz (sede principal de sus unidades de transporte); en las
facilidades para helicópteros de combate aledañas al Aeropuerto de Isla Grande, en las
facilidades del Aeropuerto de Roosevelt Roads, a donde eventualmente se moverán las
facilidades de la Guardia Nacional Aérea; y en aproximadamente 20 "Armerías" localizadas a
lo largo de toda la Isla. Por su parte, la Reserva del Ejército, que cuenta con un total de 4,500
efectivos de tierra, mantiene facilidades en el Campamento Buchanan en San Juan donde se
encuentran sus Cuarteles Generales como Comando; en Puerto Nuevo-San Patricio; en Ceiba
(Roosevelt Roads, donde además se encuentra una unidad de la Reserva de la Infantería de
Marina); y otros centros en la Isla, localizados en Caguas, Yauco y Guayama.
La Marina de Guerra aún mantiene en operaciones en Puerto Rico, en lo que fueron
facilidades de la Base Naval de Roosevelt Roads, como es el caso del Radar Relocalizable
Más Allá del Horizonte (ROTHR), con su componente transmisor en el sur de Vieques y su
componente receptor localizado en el Fuerte Allen en Juana Díaz; en Aguadilla, en el
Aeropuerto Borinquen y en Vieques, en Monte Pirata. También opera sistemas de radares en
Punta del Este en El Yunque y en los predios de las antiguas facilidades de Roosevelt Roads;
en el Naval Radio Receiving Facility en Sabana Seca, Toa Baja; en los radares localizados en
Punta Salinas; el Naval Radio Transmitting Facility en Isabela; y en el Low Frecuency Fixed
Submarine Broadcast System, localizado en Aguada.
También hay que mencionar la Guardia Costanera con sus facilidades en San Juan (La
Puntilla), Aguadilla (Aeropuerto Borinquen) y Roosevelt Roads; al Cuerpo de Entrenamiento
de Oficiales de la Reserva (ROTC) en los campuses universitarios de la Universidad de
Puerto Rico, recintos de Río Piedras y Mayagüez; y las facilidades del Homeland Security
Department en San Juan, Aeropuerto Borinquen en Aguadilla, Ceiba; y finalmente, en Lajas
donde opera el radar Aeroestato.
Finalmente, pero no menos importante, en Puerto Rico operan agencias de seguridad de
Estados Unidos como el FBI, el Servicio Secreto, la DEA, Border Patrol, CIA, así como
ramas de inteligencia de las Fuerzas Armadas.
Como puede verse, sí existe una relación directa entre el debilitamiento de la presencia
militar de Estados Unidos en Puerto Rico y el fortalecimiento de dicha presencia en
Colombia. Las razones dadas por Estados Unidos y el gobierno colombiano sobre los
problemas que generan el narco tráfico en este país no son sino un subterfugio dirigido a
justificar el desarrollo de una nueva "arquitectura militar" de dicho país desde el cual
mantener su hegemonía imperialista sobre los pueblos de América Latina, particularmente
aquellos localizados en la región del Caribe y Centro América, dada la importancia que aún
sigue manteniendo el Canal de Panamá para la seguridad económica de Estados Unidos.
El problema real para Estados Unidos no es el narco tráfico; es el avance de los procesos de
lucha de los pueblos latinoamericanos. Es el reclamo cada vez más certero de su soberanía, de
su independencia nacional, de la unidad latinoamericana, frente a los cuales, todavía deberán
enfrentar los esfuerzos imperialistas yankis en el Hemisferio.
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