Me aterro de todo lo que he aprendido. A veces me sumerjo en mis
recuerdos y viajo hasta las polvorientas calles del Barrio Olivo en
Santa Marta. Y me veo como un niño que en medio de los juegos –todos
ellos marcados por el ejercicio físico y la compañía de otros niños-
pues me encantaba jugar a la Libertad que también se le llamaba 4 - 8 y
12, esos juegos que nos hacían salvadores de los demás.
Y
recuerdo las dificultades típicas de mi ciudad que no tenía un acueducto
que pudiera servirnos y tocaba tener albercas en las puertas y una
motobomba para subir el agua dentro de la casa; mientras que los menos
afortunados debíamos hacerlo a pulso con algunos galones de latas de
aceite. Recuerdo los regaños y advertencias de mi mamá –ella se gradúo
conmigo y con mi hermano Álvaro Antonio en ‘chancletoterapia’, era la
época en la que todavía o nos traumatizábamos por estas prácticas- como
de las idas al Eduardo Santos a ver al Ciclón… que pocas veces soplaba y
que, desde esa época, me dio las mejores clases de sufrimiento que he
recibido en mi vida…
Llegan recuerdos y memorias de tantas otras
lindas experiencias en las que iba aprendiendo a conocer la vida, a
conocerme y a conocer a los ‘otros’. Aprendí mucho. Creo que fue allí
donde aprendí a vivir, realmente. Fue donde aprendí los valores que hoy
orientan mi proyecto vital y los conceptos básicos que como ejes
sostienen mi existencia. Luego, en el Seminario, la Javeriana, la Norte,
los Andes, lo que he hecho es comprender, teorizar, conceptualizar,
todo ese cúmulo de aprendizajes que la vida me ha enseñado y, de alguna
manera, a saber que todo eso no podemos dejar de aprender.
En
esos primeros años de vida lo que hacemos es aprender y aprender ya que
de alguna manera nacemos indefensos frente la naturaleza misma, Arnold
Ghelen ya nos había hablado de la capacidad infinita de aprendizaje que
tiene el hombre y como según él, con ella puede adquirir de la
naturaleza lo que a él le falta de inseguridad innata para poder
adaptarnos a la realidad. Es decir, somos seres que con el aprendizaje
equilibramos nuestros nacer ‘inapto’ para la vida misma.
Lo ideal
es no dejar de aprender, estar siempre en la actitud de reflexionar
cada una de las situaciones y ver qué podemos aprender de ellas. Esto
es, cada experiencia que tenemos debe ser motivo de análisis, de
reflexión y una oportunidad de crecimiento.
Tengo la claridad
que lección que no aprendemos, se repite con mayor dureza. La vida es
una buena maestra; pero exige que nosotros seamos buenos alumnos. Es
valioso estar abiertos a seguir aprendiendo o reafirmar los
conocimientos que tenemos, pero es necesario que tengamos la habilidad
suficiente para entresacar de cada situación una lección de vida.
Muchos
se pasan la vida sin aprender a vivir. Y tienen que ver cómo ella les
cobra en cada situación su incapacidad. Es fundamental para la felicidad
que no repitamos materias en el curso de la vida. Ser tan buenos
alumnos que respondamos bien a las lecciones que la vida nos da y así
estemos listos para la próxima ocasión.
Me duele cuando encuentro
personas que se tropiezan una y otra vez con la misma piedra, y me
pregunto ¿acaso no han aprendido a levantar el pie? y la respuesta es
categórica: NO. Ahora, el aprendizaje de la vida no es siempre
proporcional al aprendizaje de la academia. Es probable encontrarse con
gente que tiene muchos títulos y prestigio académico pero no sabe vivir,
no es feliz, ni permite que quienes estén a su alrededor sean felices.
Lo cual nos lleva a tener claro que los ‘cartones’ que dan las
universidades y nos acreditan como profesionales en una determinada
actividad, no nos acreditan como seres que saben vivir y son felices.
Seguro
que muchas de estas situaciones están en la infancia. Este espacio tan
valioso para el aprendizaje está marcado por la soledad, por la
distancia, por el egoísmo y, sobre todo, por falta de maestros que
ayuden a hacer las respectivas retroalimentaciones y reflexiones que
permitan el aprendizaje.
Por eso, no me extraña que algunos se
sigan rajando en el curso de la vida, pues en la infancia -espacio
primordial para aprender- no lo hicieron… tal vez, aprendieron otras
cosas que sirven para las posiciones sociales, pero no para vivir
felices. |