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Popayán
más que problemas tiene desafíos. Es una ciudad más intensa que
extensa. Es plana, cuadriculada y parcialmente informal. Es un gran
laboratorio de oportunidades. En este contexto, los “constructores” y
los hacedores de la ciudad son los llamados a trabajar con una visión
distinta a la tradicional, para encarar los diversos retos como la
sostenibilidad, que es el más urgente y el menos visible, por lo que
gana menos titulares. La renovación urbana da destellos, pero sin
carácter. Lo poco que hay está segmentado por estratos, por lo que hay
partes de la ciudad que se renuevan y lugares abandonados.
Tenemos
el desafío de la gobernabilidad. La crisis es evidente, con una clase
de poder tradicional con programas que benefician a minorías
privilegiadas. De lo contrario, los índices de satisfacción ciudadana
fueran epidémicos. Lo suntuoso, las obras duras y lo urgente, no dejan
espacio para lo importante, para lo esencial, para las necesidades
fundamentales de las mayorías. Comercio informal, mototaxistas,
vendedores de llamadas, menores en el rebusque, etc, van en aumento. Y
los focos de miseria campean.
La
ciudad depende también del transporte para su desarrollo. Se debe
proveer un servicio que permita que todo el que se quiera mover -persona
o mercancía- lo puede hacer con economía, con seguridad, con
planificación. La ciudad lo primero que necesita no son obras sino un
decidido y compartido proyecto de ciudad que contenga políticas serias
de transformación de hábitos, de costumbres, de formas de gobierno, de
estilos de convivencia.
La
movilidad urbana es un concepto que incluye los desplazamientos de la
gente y sus facilidades. Significa crear cercanías. Hemos crecido con un
diseño de ciudad para automotores. La obsesión de los que gobiernan y
algunos líderes de opinión es la vialidad, como si este aspecto
resolviera el problema de la ciudad. No soluciona nada porque a más y
mejores vías, más congestión. Hay ciudades asiáticas donde están
deshaciendo las autopistas porque desplazan las posibilidades de la
gente. Son esenciales sistemas estructurados de transporte público,
condiciones para que la gente camine más y vías para bicicletas.
Todo
esto supone coger el toro por las astas y empezar a cambiar esta matriz
de ciudad para carros y el predominio de modelos neoliberales en el
transporte público. Popayán tiene buenas vías, probablemente en mal
estado, deficientes, incluso precarias en algunas zonas, pero ese no es
el problema. Es más bien del uso racional de la vialidad para
transportar en menos unidades mayor cantidad de gente y con mayor
eficiencia, mayor economía, menor contaminación, mayor seguridad.
La
gente sabe del elefante que se pavonea en la ciudad y aplasta a los más
débiles, convive con él y lo peor, muchos lo alimentan. Aunque la
bestia asusta, manipula, amenaza, también se muere de hambre. Si
queremos una mejor ciudad para todos, más humana y sostenible, está en
nuestras manos enfrentar a los vendedores de ilusiones, a los feudales
mayordomos de ciudad, a la política tradicional; a los dueños del
elefante.
Apostilla: Colombia Líder premió a los gobiernos que se destacan por una mejor labor social y su lucha contra la pobreza. ¿Dónde quedamos? |